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Los permisos que se aceptan al instalar una aplicación pueden habilitar el acceso a información personal. Revisar las autorizaciones y limitar la ubicación, las fotos o el micrófono permite controlar qué se comparte desde el teléfono.
Descargar una aplicación para editar fotografías, jugar o acceder a descuentos suele tomar pocos minutos. Durante la instalación aparecen solicitudes para acceder a la ubicación, los contactos, la cámara o el micrófono. Aceptarlas sin revisar puede habilitar accesos que no se necesitan para la función que se quiere utilizar.
La primera pregunta es sencilla: ¿para qué necesita esta aplicación la información que está pidiendo? Una herramienta de navegación puede requerir la ubicación para indicar una ruta y una aplicación de mensajería necesita el micrófono para grabar audios. Otras solicitudes pueden tener una explicación menos evidente y conviene revisarlas antes de aceptar.
“Muchas veces autorizamos todo para empezar a usar una aplicación rápidamente, lo recomendable es detenerse y mirar qué está solicitando. Si el permiso no tiene una relación clara con lo que queremos hacer, podemos rechazarlo y revisar la explicación del desarrollador”, señala César Alcacibar, experto en ciberseguridad y fundador de vZion Cloud.
Los permisos se pueden cambiar
Haber aceptado una autorización no significa que deba mantenerse para siempre. Desde la configuración del teléfono es posible revisar qué aplicaciones pueden utilizar la cámara, el micrófono, los contactos o la ubicación, y retirar los accesos que no se necesitan.
En iPhone, esta revisión se realiza en Configuración > Privacidad y seguridad, seleccionando cada categoría. En Android, se puede buscar Permisos o Administrador de permisos dentro de los ajustes. Los nombres y rutas varían según la marca y la versión del sistema.
Para reducir la información que se comparte, conviene revisar cuatro aspectos:
Qué ocurre con los datos ya entregados
Los permisos del teléfono son una parte de la revisión. También importa conocer qué informa la aplicación sobre los datos que recibe: para qué los utiliza, si los comparte con otras empresas y qué mecanismos ofrece para solicitar su eliminación. Estos antecedentes suelen estar en su política de privacidad.
Que una aplicación sea gratuita no demuestra que venda datos. Del mismo modo, que solicite acceso al micrófono no prueba que escuche conversaciones de manera permanente. Para evaluar esas prácticas se necesita evidencia sobre el funcionamiento de cada servicio.
“Desactivar un permiso ayuda a limitar accesos futuros, pero no borra automáticamente la información que una plataforma ya recibió. Si queremos dejar de utilizar un servicio, también debemos revisar las opciones para gestionar nuestros datos o eliminar la cuenta”, explica Alcacibar.
Eliminar una aplicación del celular tampoco equivale necesariamente a cerrar la cuenta asociada. Antes de dejar un servicio, conviene revisar sus ajustes de privacidad y los canales de contacto para consultar por la información almacenada.
Las empresas también tienen responsabilidad: explicar para qué solicitan los datos y facilitar que las personas administren sus autorizaciones. Una decisión informada requiere que esas explicaciones sean comprensibles y que cambiar de opción sea sencillo.